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Bodegas de Mendoza: cómo organizar los días sin agotarse

El error de principiante en Mendoza es intentar meter cuatro bodegas en un día. Se acaba probando mucho vino y entendiendo poco.

Isaac Cantos  ·  3 min de lectura

Mendoza fue el sitio donde más cambié de opinión sobre cómo viajar. Llegué con una lista de bodegas sacada de internet, ocho o nueve nombres, convencido de que había que verlas todas. Al segundo día ya había entendido que aquello no funcionaba así, y el tercero lo pasé entero en una sola bodega, comiendo despacio, y fue el mejor de los tres.

Lo primero es entender que no hay una zona de bodegas, hay tres, y son bastante distintas. Luján de Cuyo es la clásica, a media hora de la ciudad, con las bodegas históricas y los malbecs que dieron fama a la provincia. Maipú queda todavía más cerca y es la más fácil de recorrer, incluso en bicicleta, con bodegas pequeñas y olivares por medio. Y el Valle de Uco está a hora y media, a más altura, y es donde están las bodegas más modernas y más espectaculares en cuanto a arquitectura y paisaje, con los Andes de fondo.

¿Cuántas bodegas al día? Dos. Una por la mañana, con visita guiada y cata, y otra para el almuerzo maridado, que se alarga toda la tarde y es el verdadero plato fuerte. Tres es posible pero ya es una carrera. Cuatro, sencillamente, no tiene sentido: a la tercera el paladar está saturado y a la cuarta nadie se acuerda de lo que ha probado.

Otra cosa importante que a mí me pilló desprevenido: hay que reservar. Casi ninguna bodega buena recibe visitas sin cita previa, y los almuerzos se llenan con semanas de antelación en temporada alta. Presentarse en la puerta y esperar que os atiendan es perder la mañana. Además, muchas bodegas cierran los domingos o solo abren la tienda, así que conviene planificar la semana entera de antemano.

La bodega que recomendamos sin dudar es Esencia 1870. No es de las grandes ni de las que salen en las revistas, y precisamente por eso el trato es cercano, la visita no va en cadena y el vino se explica de verdad. Hay bodegas enormes en las que entras con cuarenta personas y sales por la tienda, y también están bien, pero no es lo mismo.

Sobre dónde alojarse, nosotros nos quedamos siempre en Chacras de Coria, en Luján de Cuyo. Es un pueblo de casas bajas, calles arboladas y mucho silencio, a veinte minutos de la ciudad y en plena zona de bodegas. Se cena muy bien, hay vida por la noche sin ser ruidoso y por la mañana estás en la viña en diez minutos. La ciudad de Mendoza está bien y tiene sus plazas y sus avenidas de árboles, pero yo prefiero dormir entre viñedos.

Si podéis elegir las fechas, marzo es el mes. Es la vendimia, se ve trabajar a las bodegas a pleno rendimiento, hay actividades por todas partes y la provincia entera está en fiesta. El precio a pagar es que está todo lleno, así que hay que reservar con muchísima antelación. Fuera de marzo, cualquier mes entre septiembre y abril funciona perfectamente.

Un último consejo, y va en serio: no conduzcáis. Es una obviedad, pero en Mendoza hay mucha gente que alquila un coche para ir de bodega en bodega y después se toma seis copas. Contratad un conductor o un transfer para los días de cata. Sale más barato que cualquier disgusto y además permite disfrutar del almuerzo sin estar mirando el reloj.

Isaac Cantos

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