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Cómo visitar el glaciar Perito Moreno

Es uno de los pocos glaciares del mundo al que puedes acercarte sin ser alpinista. Se ve de frente, desde pasarelas, a cien metros del hielo.

Lucas Araujo  ·  3 min de lectura

Llevo toda la vida oyendo hablar del Perito Moreno y sigo yendo cada vez que puedo. Hay algo en ese frente de hielo de sesenta metros de alto y cinco kilómetros de ancho que no se gasta por mucho que lo veas. Y tiene una particularidad que lo hace único: mientras la mayoría de los glaciares del planeta retrocede, este se ha mantenido más o menos estable durante décadas, avanzando y rompiendo en ciclos.

La visita básica son las pasarelas. Son varios kilómetros de balcones de acero a distintas alturas, justo enfrente del glaciar, muy bien hechos y accesibles. Se recorren con calma en cuatro o cinco horas, y ese es exactamente el plan: bajar, subir, sentarse, esperar. Porque lo que se va a ver, además del hielo, son los desprendimientos: bloques del tamaño de un edificio que se sueltan del frente y caen al lago con un estruendo que se oye antes de verse. No se pueden programar, pasan cuando pasan, y por eso hay que ir sin prisa. Llevad abrigo aunque haga sol, porque el aire que baja del hielo es helado incluso en pleno verano.

La segunda forma de verlo es desde el agua. Hay navegaciones que salen de Puerto Bajo de las Sombras y llevan hasta bastante cerca de la pared. Duran alrededor de una hora y cambian por completo la escala de lo que estáis viendo: desde abajo, con el barco pegado al frente, se entiende de golpe lo alto que es aquello. Se combina perfectamente con las pasarelas el mismo día.

Y la tercera es caminar encima. El minitrekking consiste en cruzar el brazo del lago en barco, calzarse unos crampones con un guía y caminar un par de horas sobre el propio glaciar, entre grietas y lagunas de agua turquesa. No hace falta experiencia ni una forma física especial, basta con poder caminar sin problemas, aunque hay límite de edad y conviene comprobarlo antes de reservar. Es la actividad más cara de las tres y, para mucha gente, la mejor del viaje entero.

Sobre cuánto tiempo dedicarle, mi recomendación es firme: un día completo solo para el glaciar, y dos noches en El Calafate como mínimo. Ver gente que llega del aeropuerto, hace las pasarelas a la carrera y se va al día siguiente me da pena, porque es dedicarle a una de las maravillas del continente el mismo tiempo que a una escala.

Hay una pregunta que nos hacen mucho: ¿se puede ver la famosa rotura? Cada cierto número de años el glaciar avanza hasta tocar la península de enfrente, represa el brazo del lago, el agua sube y termina reventando el dique de hielo en un espectáculo que dura días y que la gente va a ver desde todo el país. El problema es que no es predecible con la antelación suficiente como para montar un viaje alrededor. Si coincide, enhorabuena. Si no, el glaciar sigue siendo igual de impresionante.

Un último consejo práctico. La entrada al parque nacional se paga aparte y el precio para extranjeros es bastante más alto que para residentes, cosa normal en Argentina. Tenedlo en cuenta en el presupuesto y llevad efectivo por si acaso, que en temporada alta las colas se hacen largas y no siempre funcionan todos los medios de pago.

Lucas Araujo

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