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Costumbres argentinas que sorprenden a un español

España y Argentina se parecen mucho. Precisamente por eso, las diferencias pillan desprevenido.

Isaac Cantos  ·  3 min de lectura

Uno de los motivos por los que a los españoles nos resulta tan cómodo viajar a Argentina es que casi todo nos suena: el idioma, la comida, el ritmo de las ciudades, los apellidos. Y justo por eso, cuando aparece una diferencia, te pilla con la guardia baja. Estas son las que más me han hecho tropezar a mí.

Los horarios son parecidos pero no iguales. Se cena tarde, como en España, entre las nueve y las once. Pero se come antes, sobre la una, y el desayuno es mucho más ligero de lo que nosotros esperamos: un café con medialunas y poco más. Si sois de desayunar fuerte, avisad en el hotel o buscad un sitio de brunch, porque el desayuno argentino de toda la vida es básicamente dulce.

El trato es más efusivo de lo que un español anticipa, y eso ya es decir. Se saluda con beso incluso entre hombres en contextos informales, se tutea con muchísima facilidad y las conversaciones se alargan. Nadie tiene prisa por ir al grano, y las prisas se notan mal. Aprendí que si entras a una tienda y vas directo a preguntar el precio sin saludar, te miran raro. Un "buen día, ¿cómo andás?" antes de cualquier cosa abre todas las puertas.

Las propinas funcionan más o menos como aquí pero con más presencia. En restaurantes se deja alrededor del diez por ciento y se agradece muchísimo en efectivo, porque así llega directa a quien te ha atendido. En los taxis se redondea. Al portero del hotel, al que te lleva las maletas y a los guías también se les deja algo. No son cantidades grandes y cambian el trato.

Sobre seguridad, hay que decir las cosas con calma. Argentina no es un país peligroso y yo he viajado por él solo sin ningún problema. Buenos Aires es una ciudad grande y pide las precauciones de cualquier ciudad grande: no pasear con el móvil en la mano, no llevar todo el dinero encima, no volver caminando de madrugada por zonas que no conocéis y estar atentos en el transporte público. En el interior del país, en los pueblos y en la Patagonia, la sensación de seguridad es altísima. Ahí el riesgo real no son las personas, es la carretera.

Y termino con las palabras, que dan para un artículo entero. Coger, en Argentina, significa otra cosa muy distinta, así que usad tomar o agarrar y ahorraos la escena. Una remera es una camiseta, una pollera es una falda y una campera es una cazadora. Un colectivo es un autobús urbano y un micro es uno de larga distancia. La frutilla es la fresa, la palta es el aguacate, el choclo es el maíz y el durazno es el melocotón. Tomar algo significa beber, no comer. Y cuando alguien os dice "te espero a la vuelta", quiere decir a la vuelta de la esquina.

Nada de esto es grave y todo el mundo entiende de dónde venís. Pero si los aprendéis, las conversaciones fluyen distinto, y en un país donde la conversación es el deporte nacional, eso importa bastante.

Isaac Cantos

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