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Cuánto cuesta realmente un viaje a Argentina desde España

Nadie da cifras claras porque todo depende. Es cierto, pero no ayuda a quien intenta decidir si puede permitírselo.

Isaac Cantos  ·  3 min de lectura

Cuando yo estaba organizando mi primer viaje, lo que más me costó no fue elegir destinos, fue hacerme una idea del dinero. Buscabas y encontrabas dos tipos de respuesta: o gente contando que había recorrido el país con quince euros al día, o agencias vendiendo paquetes de cinco mil euros sin desglosar nada. Ni una cosa ni la otra me servían. Así que voy a intentar dar números concretos, con el aviso de que son orientativos y de que Argentina es un país donde los precios se mueven.

El vuelo internacional es el gasto más grande y también el más variable. Desde España, un ida y vuelta a Buenos Aires suele moverse entre novecientos y mil cuatrocientos euros según la antelación y el mes. Enero y julio son los caros, porque coinciden con las vacaciones de los dos hemisferios. Mayo, septiembre y octubre son los baratos. La diferencia entre reservar con ocho meses y reservar con dos puede ser de cuatrocientos euros, así que es el primer sitio donde se ahorra de verdad.

Después vienen los vuelos internos, que es la partida que casi todo el mundo olvida al hacer cuentas. Argentina es enorme y, salvo que tengáis más de tres semanas, los traslados en avión son inevitables. Cada tramo cuesta entre cien y doscientos euros. Un recorrido de norte a sur puede llevar cinco o seis tramos, o sea entre seiscientos y mil euros por persona solo en moverse dentro del país. Conviene meterlo en el presupuesto desde el primer día y no como una sorpresa a mitad de la planificación.

El alojamiento tiene un abanico amplio. Un hostel o un alojamiento sencillo se mueve entre veinte y cuarenta euros la noche. Un hotel de tres o cuatro estrellas correcto, entre sesenta y ciento veinte. Y a partir de doscientos entramos en hoteles de diseño, lodges de montaña y bodegas con habitaciones, que en Argentina son de un nivel altísimo y que, comparados con lo que costaría algo equivalente en Europa, siguen saliendo a cuenta.

Comer fuera sigue siendo razonable, aunque ya no es la ganga que era hace unos años. Un menú del día en un restaurante de barrio ronda los diez euros. Una buena parrilla con vino, entre veinticinco y cuarenta por persona. Y un almuerzo maridado en una bodega de Mendoza, entre sesenta y cien. Si alternáis, la media diaria de comida se queda en algo muy manejable.

Donde se disparan los presupuestos sin que uno se dé cuenta es en las excursiones. La navegación frente al Perito Moreno, el avistaje de ballenas en Península Valdés, un día completo de bodegas o el paseo en lancha de Iguazú cuestan entre cincuenta y ciento cincuenta euros cada uno. Si os apuntáis a todas las que os ofrecen, la suma es considerable. Elegir cuáles merecen la pena de verdad y cuáles son relleno es, literalmente, parte de nuestro trabajo.

La regla que damos a nuestros viajeros es esta: contad el vuelo internacional aparte, como una partida independiente, y calculad entre noventa y ciento cincuenta euros por persona y día para todo lo demás en un viaje de gama media. Con eso se duerme bien, se come bien, se hacen las excursiones importantes y no hay que estar mirando el móvil cada vez que se abre la carta. Por debajo de esa horquilla se viaja perfectamente, pero hay que renunciar a cosas. Por encima, el dinero compra sobre todo comodidad y hoteles con vistas.

Y una última cosa que no es un gasto pero sí una pérdida: el viaje mal planificado cuesta dinero. Cada conexión innecesaria por Buenos Aires, cada noche de hotel que se desaprovecha porque el vuelo sale a las seis de la mañana, cada excursión contratada a última hora en el mostrador del hotel, todo eso suma. En un viaje de dos semanas, ordenar bien las etapas puede ahorrar tranquilamente el precio de un vuelo interno.

Isaac Cantos

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